“La brecha digital hace que las desigualdades preexistentes se agranden”

“La brecha digital hace que las desigualdades preexistentes se agranden”

#CalmarEdu nº34. 

Si el derecho al acceso no es universal e igualitario en todas las escuelas, la brecha digital de participación que se abrirá entre los que disponen de acceso y los que no, y duplicará la brecha ya existente entre los estudiantes de distintos entornos sociales.

La primera vez que estuve en una sesión de la Asociación Educación Abierta Joaquín Rodríguez nos presentaba una investigación sobre el impacto que tenía la presencia de libros en los hogares de los estudiantes y su rendimiento escolar. Las investigaciones confirmaban la hipótesis de la enorme influencia que ese hecho tenía en el rendimiento escolar.

Al igual que los libros en la casa, el acceso a la red se presenta como una nueva posibilidad brecha a la que debe enfrentarse la educación.

La mejor manera de combatir la de los libros son atractivas bibliotecas con acciones de promoción de la lectura y préstamo de libros. No resulta igual de sencillo abordar la carencia de Internet, aunque dotar a las bibliotecas de espacios de conexión y de uso de ordenadores es algo necesario no parece que sea suficiente.

La brecha digital, a diferencia de la de los libros, tiene tres maneras diferentes de ser analizada: la de acceso, la de uso y la de calidad de uso.

Conforme han ido avanzado los años desde 1995 el origen de la brecha ha ido pasando de la primera (acceso) a la tercera (calidad de uso). En 1995 era algo relativamente sencilla de presentar la brecha: tener o no tener ordenador, en 2001, Castells amplió la nueva brecha a la del ordenador y era tener / no tener Internet, también binaria. Pero ahora ya es muy diferente, a las dos anteriores se le añade la calidad de uso y para ello se requiere una alfabetización digital previa y en la que existe una enorme escala de grises.

Tener libros en la casa significa un interés por la cultura y el conocimiento por parte de los padres. Mejor publicidad de la lectura que ver a los padres o a los abuelos leer no existe para la mente de un niño. Lo mismo debería ocurrir con el mundo digital. Supongamos que en una casa existen libros, pero nadie los usa, de poco le va a servir al joven esa presencia. Con las computadoras ocurre algo similar pero no por no usarla sino por su calidad de uso.

No creo en la idea generalizada de los nativos digitales. Quizás, doy por cierto de que no existe miedo a manejar la tecnología, pero poco más. Por regla general a la mayoría de los niños nadie les enseña en las casas las potencialidades de uso de las tecnologías. El uso frecuente se centra en la comunicación y en los juegos, pero se desconoce los grandes beneficios que las TIC presentan para acceso al conocimiento y a la cultura. Se ha acuñado la frase de huérfanos digitales para hablar de los ahora niños y concuerdo con ella.

Leyendo un libro titulado “Lo nativos digitales no existen” me encontré con un aporte de Jordi Martí, profesor en la Comunidad Valenciana, en la que narra la primera vez en la que uso una computadora en clase. De su miedo inicial por quedar como un “analfabeto” a una realidad que asomó: no habían entendido nada, y para sus estudiantes aquella clase digitalizada solo generó una tímida consulta sobre cómo volcar esa clase en el tradicional cuaderno. También cuenta como los diálogos en las salas de profesorado son más sobre los usos de la tecnología en la educación entre los profesores más experimentados que entre los nuevos docentes, cuando todo parecería indicar que fuera al revés.

Junto a esas competencias técnicas, que creo debe ser la escuela quien la debe ofrecer con naturalidad sin cambiar el curriculum pero motivando el uso vinculado a la formación de las TIC, hay algo mucho más preocupante: que sean ciudadanos digitales responsables.

Gran parte de nuestra vida social, laboral incluso familiar, se viene vinculando a las tecnologías en un mundo en el que todo deja traza y en el que es casi imposible ser un ciudadano anónimo. De pequeños, a nuestra generación, nuestros padres y abuelos nos enseñaron a vivir en la ciudad, a no cruzar con el “disco” en rojo, a no aceptar regalos de desconocidos, a no entretenernos muchos cuando volvíamos del colegio, es decir nos enseñaban a ser ciudadanos de las urbes y a comportarnos adecuadamente. Había cosas que solo se hacían en casa y no en la calle. Toda esa cultura ciudadana la tenemos desde muy pequeños y nos ha venido guiando el resto de nuestra vida.

Pero el cambio intrageneracional que se ha dado con la irrupción de la tecnología en todos los aspectos de la vida: gestiones, viajes, salud, … hace necesario que formemos ciudadanos digitales responsables y para esta nuevo ciudadanía, del tercer entorno de Javier Echeverría, la mayoría de los padres no sirven y menos los abuelos que se encuentran excluidos socialmente de un mundo nuevo (otra enorme brecha sobre la que hay que actuar) y es por ello que el marco educativo debe tomar el liderazgo en esta labor.

Siempre el sistema educativo ha tenido espacios (proyectos, tutorías, …) que pueden ser el mejor lugar para abordar este tema. El sistema educativo debe preservar y considerarlos “espacios protegidos” (como Doñana) porque tienen una función social y educadora tan necesaria como la matemática. Ello no excluye que, de forma transversal, los docentes que usan TIC aprovechen su labor educadora para ir generando esa ciudadanía digital en los estudiantes.

En base a todo lo anterior qué duda cabe que esta nueva brecha existe y la gran fuerza que la impulsa hace que las desigualdades preexistentes se agranden.

>Juan Carlos Toscano:Secretario Técnico del Área de Cooperación de Ciencia y Tecnología de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI). Técnico de Programas de la OEI desde 2004. Ha tenido bajo su responsabilidad el área de ciencia desde que se crea en la OEI en el año 1998. Desde entonces el área de ciencia ha tenido siempre una mirada en los aspectos sociales de la ciencia y la tecnología. Ha sido responsable de las acciones de formación de la OEI desde 2007 hasta 2014.

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