Niños trabajadores son “invisibles” en el valle alto y se exponen a riesgos

Niños trabajadores son “invisibles” en el valle alto y se exponen a riesgos

Irma (nombre simulado), una niña de 12 años, se encogió de hombros cuando se le preguntó si quería volver a estudiar. “Si se puede, bueno”, respondió mientras miraba el carrito de helados con el que vende en la plaza de Punata para mantener a sus dos hermanos que dependen de ella.

La niña es responsable de su familia. Hace 10 años murió su padre y su mamá, hace tres. Desde entonces, debe trabajar como heladera para llevar comida a su casa. A penas tiene para vestir y, pese al frío está, con una polera, un buzo que le queda pequeño y sandalias.

“Hace dos años que dejé de estudiar. No gano mucho, porque no tengo corneta y tampoco me alcanza para comprarme una. Salgo temprano y vendo lo que puedo. En invierno tengo menos ganancias”, lamentó.

Irma es tímida y baja la mirada todo el tiempo. Está sentada bajo un árbol esperando que alguien con antojo de helado se acerque.

Esa situación es frecuente en el valle alto. Niños y adolescentes quedan huérfanos y deben sacar adelante su hogar ellos mismos.

Sólo en Punata, cerca 40 niños y adolescentes trabajan de heladeros, lustrabotas, panaderos y en el cementerio.

Se trata de niños “invisibles” para los que se ha acostumbrado a verlos en las calles vendiendo o en otra actividad para reunir dinero; pero también ante las autoridades, que no están siguiendo el procedimiento de pasar la tutela de los huérfanos al Estado.

En Cliza son más de 50 niños, niñas y adolescentes. Algunos son lustrabotas y otros están en el cementerio.

Ricardo (nombre ficticio) tiene 11 años y sueña con llegar a Cochabamba y ser abogado. Cada mañana sale a trabajar desde las 7:00 con el estuche de lustrar zapatos en las manos y recorre la plaza de Cliza buscando clientes que necesiten lustrar sus zapatos.

“Somos cinco hermanos. Soy el del medio, mis otros hermanos trabajan en el cementerio y mi mamá lava ropa. Mi papá nos abandonó. Al día gano unos 20 pesitos. Le llevo eso a mi mamá y me da 2 para mi recreo”, contó mientras lustra unos zapatos con bastante habilidad.

Ricardo trabaja durante la mañana y estudia por las tardes en la Unidad Educativa Fanor Cabrera. Al igual que él, se encuentran otros niños que buscan clientes por la plaza principal.

Este lugar es su campo de juegos. Corren, ríen, juegan y se molestan entre ellos con sus apodos; pero, cuando encuentran a un cliente, se ponen serios y lustran con mucha habilidad. Sin embargo, se exponen a situaciones de maltrato por parte de algunas personas.

“‘Lustra bien. Apúrate’, nos dicen a veces de muy mala manera. No todos nos tratan bien”, declaró Ricardo.

Sin embargo, deben apoyar en el hogar. Sólo en la plaza principal, hay alrededor de 10 a 15 niños entre ocho y 15 años; aunque los menores de 14 ocultan su edad, pues no tienen permiso para trabajar.

“Una organización viene de Cochabamba y a veces nos llevan a la ciudad para hacer campeonatos de fútbol. Es divertido”, contó Luis (nombre ficticio) de 12 años.

Los cementerios también son otro espacio de trabajo para los niños. No obstante, esto es principalmente los fines de semana, porque hay más gente en el centro de Cliza.

Ayudan en la venta

Asimismo, es común ver en los mercados del valle alto a los niños acompañando a sus madres y ayudándoles a vender desde verduras hasta ropa y abarrotes.

Muchas mujeres realizan la venta de sus productos con sus hijos, algunos en aguayos, porque son bebés.

Los más grandes se ponen un mandil y apoyan pasando bolsas o colocando las verduras. Cuando no hay mucha clientela, se ponen a correr y jugar entre ellos. Entre todas las vendedoras cuidan que nadie les haga daño mientras trabajan.

SEPA MÁS

Pobreza extrema

Cerca del 80 por ciento de los niños, niñas y adolescentes que trabajan en el valle alto vienen de familias numerosas y en situación de pobreza.

Monoparentales

Más del 60 por ciento de estas familias sólo tienen a mamá o papá, ya sea por muerte, abandono o migración. En algunos casos, viven con terceros y otros, solos.

Roles según el género

Usualmente, las mujeres hacen labores del hogar. Mientras, los varones salen a trabajar de lustrabotas o panadería.

100 niños, niñas y adolescentes

están organizados como Niños Trabajadores en el Valle Alto, pero no todos tienen registro en las defensorías.

“Se trata de la Bolivia que nadie quiere ver, pero existe”
Juan Carlos Sánchez

Abogado especialista en niñez

En el campo, los niños se ven obligados a trabajar para subsistir. Las entidades del Estado deberían velar para que se cumplan los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Que les den trabajos de acuerdo a su edad, que cumplan un horario, estudien, tengan la alimentación correcta y un buen trato.

Sin embargo, esto no se está haciendo. Hay un grupo de niños que no son visibles para la ley por su edad o el trabajo que realizan, no acorde a su capacidad física.

Estos niños son vulnerables a ser víctimas de trata y tráfico para fines de explotación laboral e incluso sexual. Se trata de la Bolivia que nadie quiere ver, pero existe.

Son niños expuestos a situaciones de violencia, desnutrición y otros males, pero no se invierte en ellos, porque no representa votos.

El Sedeges (Servicio Departamental de Gestión Social) debería hacer políticas para protegerlos o que trabajen en condiciones en las cuales no se vulneren sus derechos y les permitan desarrollarse adecuadamente.

Un reto para defensorías y sociedad

RIESGOS

Niños se exponen a la trata y tráfico con fines de explotación

1- Niños sin registro

Existe un grupo de niños que trabaja sin llegar a tener 10 años, por lo que no están registrados en la Defensoría de la Niñez. El problema es mayor cuando además estos infantes son huérfanos.

2- Vulnerabilidad

Al no estar registrados, corren el riesgo de que alguien les ofrezca mejores oportunidades, pero que sea un engaño y se los lleven fuera de la ciudad o el país para explotarlos laboralmente o sexualmente, en el caso de las niñas.

3- Sin reclamos

Debido a esta falta de registro o personas que no se interesan por estos niños, no existen denuncias ni reclamos si llegan a desaparecer. Por lo tanto, nunca son buscados y mucho menos encontrados.

NORMATIVA

Código busca preservar derechos, pero no se cumple la norma

1- Derecho al trabajo

El Código Niña, Niño y Adolescente expresa el derecho al trabajo de los infantes y las condiciones en que se debe cumplir desde el artículo 126 hasta el 140 se puede encontrar la información.

2- Condiciones

El Código señala que los empleadores deben dotar de ropa de trabajo, brindar un horario que permita a los niños estudiar, condiciones acordes a su edad y un salario, ya sea mensual, quincenal o semanal.

3- Por cuenta propia

De igual modo, existe la modalidad “por cuenta propia”. Se atribuye a aquellas labores que realizan los infantes, pero sin un empleador. Las Defensorías deben hacer el seguimiento para que del mismo modo tengan condiciones.

DEFENSORÍAS

Poco personal limita la atención de denuncias

1- Un equipo

Un asesor legal, un psicólogo y un trabajador social son quienes conforman la mayoría de los equipos multidisciplinarios de las defensorías de los municipios del valle alto.

2- Varias unidades

Sin embargo, este equipo no sólo debe atender y preservar los derechos de los niños, sino también trabajan con los adultos mayores, las mujeres víctimas de violencia y personas con discapacidad.

3- Limitado

Muchas veces, este equipo tiene dificultades para atender todas las denuncias que llegan, debido a que éstas superan la cantidad de personal. Por este motivo, tratan de dividirse y que cada miembro del equipo se encargue de una unidad, pero aún así los superan.

REALIDAD

La niñez del valle alto está expuesta a sufrir varias formas de violencia

1- Violencia sexual

Uno de los problemas crecientes que vienen sufriendo los niños y adolescentes es la violencia sexual. En Tarata se pone especial atención a este flagelo, por el incremento de casos y porque en algunos casos los agresores son maestros.

2- Talleres

La jefa de la Defensoría de Tarata, Helen Arias, señaló que, una vez identificado el problema, procedieron a realizar talleres con maestros y directores para concientizar sobre esta situación.

3- Pobreza

Otro de los problemas que afrontan los niños es la pobreza en la que viven en sus familias. No tienen mucho para comer o vestir. Carecen de servicios básicos y se mantienen con lo que pueden, pues además son familias numerosas.

Fuente: Los Tiempos

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